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MI HOMENAJE PERSONAL A TODOS LOS MARINOS

 

Desde que era un niño me siento enormemente atraído por la historia naval.

Las calladas hazañas de los maquinistas atrapados dentro de las entrañas de una nave que se hunde, luchando en medio de un infierno para mantener la presión en las calderas y las máquinas funcionando, o los artilleros que mantienen sus puestos disparando hasta la última granada mientras son masacrados por la metralla, han jalonado la historia naval desde sus inicios con las peculiaridades propias de la lucha en el mar. Porque la guerra en la mar no es igual a la que hiere la tierra o los cielos. La guerra en la mar tiene sus propias leyes, duras y crueles leyes a las que millones de hombres se han sometido a lo largo de miles de años.

A bordo de una nave, la guerra se entiende de otra forma distinta. El marino es plenamente consciente de cual es su deber: combatir hasta la última granada contra no importa qué fuerzas enemigas y cuando no le queden ya medios de combate eficaces para dañar al adversario, destruir la nave para impedir que caiga en su poder. Entonces, y solo entonces, a la orden de su comandante, el marino puede abandonar la nave que se hunde o ha sido destruida, abandonándose así a la errática Fortuna que, en unos casos tendrá forma de brazos piadosos que le rescaten de la muerte y en la inmensa mayoría será la agonía en el mar.

 

En el mar, la rendición de una nave es algo impensable.

 

Miles de marinos han combatido hasta la total aniquilación.

Miles han muerto abrasados, despedazados, ahogados, comidos por los tiburones o en la más terrible de las agonías, flotando en medio del mar días y días hasta perecer de sed.

Otros han tenido más suerte. Pereciendo congelados en las heladas aguas.

Pero entre todos ellos, hombres de cien naciones, han escrito una de las páginas más bellas de la historia. Una historia de valor, de sacrificio, de entrega y amor que a nadie puede dejar indiferente.

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A todos ellos, a los marinos de todas las nacionalidades que han combatido por todas las causas, navegando cargados de ilusiones y esperanzas y empapando el mar con su sangre, va dedicada esta página web en un emocionado recuerdo que, como el mar, es infinito e inescrutable.

 

José Ignacio Lago Marín

 

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