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EL TANQUE SUBMARINO DE MI BISABUELO

 

Durante toda mi vida he escuchado a mi abuela contar la historia de su padre, mi bisabuelo Adrián, y del tanque submarino que construyó. Y ya que estamos en una página naval, permítaseme alardear de antepasados.

Mi bisabuelo nació en Palencia. Fue uno de esos miles de trabajadores que tuvieron que emigrar a Madrid para hacerse un hueco como obrero especializado. En 1932 era ya jefe de equipo de los talleres MZA de Madrid, la famosa empresa ferroviaria.

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Mi bisabuelo materno, don ADRIÁN ÁLVAREZ RUIZ.

Mi bisabuelo era un alma inquieta. Siempre decía que la lectura de Julio Verne le había llevado desde niño a sentir una incontrolable fascinación por los inventos. Durante años había trabajado perfeccionando los equipamientos ferroviarios mientras se dedicaba a construir en su propia casa (para horror de mi pobre bisabuela) un tanque submarino con un dispositivo de su invención para la regeneración del aire del interior que ya había patentado tiempo atrás. Presentado su invento en la Sección de Ingeniería del Estado Mayor Central, este alto organismo militar se mostró "interesado" en el invento y en el verano de 1932 se realizaron unas pruebas en el lago de la Casa de Campo de Madrid en las que mi bisabuelo permaneció sumergido dentro del tanque casi 6 horas probando su invento ante una gran cantidad de público reunido para tal evento. Meses después realizó el mismo experimento en un estanque artificial construido en el ruedo de la plaza de toros de Barcelona.

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El 25 de agosto de 1943, el diario INFORMACIONES publicó este reportaje sobre el invento de mi bisabuelo, en el que recuerda las pruebas realizadas en el lago de la Casa de Campo.

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Ampliación de la fotografía del mismo artículo.

Los técnicos navales que testaron las pruebas certificaron la validez del invento de mi bisabuelo... Pero la cosa se quedó ahí, como siempre, porque nadie en España se preocupó por el tema hasta que en plena II GM la embajada alemana en Madrid se puso en contacto con él para comprar la patente. Mi bisabuelo, señor chapado a la antigua, les contestó orgullosamente que "aquel era un invento español y España debía ser la nación que lo desarrollara primero". Mi abuela cuenta (entristecida) que los alemanes le ofrecieron mucho dinero, pero que él no aceptó ya que "había inventado este aparato para salvar vidas y no para emplearlo en una guerra". Y ahí acabó el asunto. Poco después, los alemanes construyeron equipos de reciclaje de aire por su cuenta y mi bisabuelo murió sin que nadie en España se preocupara por su invento.

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No sé de qué fecha es este recorte ni a qué periódico pertenece, pero cada vez que leo la última frase siento el mismo pesar.

 

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